La destitución de la magistrada Santa Milagro ha dejado un sabor amargo en gran parte de la sociedad de Monseñor Nouel. No porque se trate de una funcionaria intocable, ni porque su gestión estuviera exenta de críticas, sino por la manera en que se produjo su salida y el contexto que la rodea.

En un Estado democrático, los funcionarios públicos están sujetos al escrutinio y a la crítica. Nadie debe estar por encima de la ley ni de la opinión pública. Sin embargo, también es cierto que las decisiones institucionales deben sustentarse en investigaciones serias, pruebas reales y procesos transparentes, no en campañas mediáticas, rumores o declaraciones apasionadas emitidas en un medio de comunicación nacional que, al parecer, terminaron convirtiéndose en una especie de orden pública hacia la procuradora fiscal Yeni Berenice Reynoso.

La magistrada Santa Milagro, en su corto tiempo al frente de la Fiscalía de Monseñor Nouel, logró proyectar una imagen distinta de esa institución. Hubo cambios visibles en la organización, en la atención y en la percepción ciudadana sobre el Ministerio Público en la provincia. Eso no significa perfección, porque siempre existieron aspectos cuestionables y decisiones debatibles, pero sí es justo reconocer que intentó imprimir una nueva dinámica de trabajo.

Detrás de esta situación también hay una realidad preocupante: el poder que algunos sectores tienen para posicionar versiones en grandes medios de comunicación sin que necesariamente se investigue la verdad completa. Según se comenta en Bonao, un abogado habría utilizado sus influencias y recursos para llevar determinadas acusaciones a escenarios nacionales, encontrando eco en personas de prestigio que asumieron como ciertas versiones que nunca fueron contrastadas con quienes verdaderamente conocen la realidad local.

Mientras tanto, muchos de los que vivimos en Bonao, investigamos y conocemos de cerca los hechos, no tenemos acceso a esos espacios de poder donde se construyen narrativas nacionales. Aquí, la gente sabe que existen muchas preguntas pendientes alrededor del caso de Francisco Sang y espera que algún día se esclarezca toda la verdad, sin manipulaciones ni intereses particulares.

Ojalá que el nuevo titular de la Fiscalía llegue con la disposición de trabajar, corregir errores y enfrentar los problemas reales que afectan a la provincia. Hay muchas situaciones graves que requieren atención urgente y, ciertamente, un cambio de dirección no necesariamente es negativo. Lo verdaderamente preocupante es cuando ese cambio se produce bajo la sombra de campañas de descrédito, calumnias o presiones mediáticas.

Si el nuevo fiscal quiere ganarse el respeto de Bonao, tiene una gran oportunidad: comenzar investigando a profundidad el caso que, según muchos, provocó la llegada de un nuevo titular a Monseñor Nouel. La sociedad merece respuestas claras, objetivas y transparentes.

LIC. ALEXIS ROSARIO, CDP, SNTP. FIP