DE OPINION.

En la tranquila provincia de Monseñor Nouel, cuna de paisajes pintorescos y gente trabajadora, la política ha tomado un giro que no pasa desapercibido. El fenómeno de la soberbia política, esa arrogancia que acompaña a algunos de nuestros actuales líderes, está dejando un sabor amargo en la boca de aquellos que alguna vez fueron sus aliados más cercanos.

Es lamentable observar cómo algunas personalidades que hoy ocupan cargos de autoridad han olvidado el principio básico de que la arrogancia camina a pie y que los puestos son pasajeros. En su ascenso al poder, parecen haber perdido de vista que la humildad y la transparencia son virtudes que deberían acompañar a cualquier posición de liderazgo.

Lo que es aún más preocupante es la actitud de ciertos funcionarios y autoridades electas que, en su seguridad actual, maltratan e ignoran a aquellos que alguna vez fueron sus compañeros de partido, dirigentes populares y miembros de la prensa. Curiosamente, quienes fueron pilares fundamentales en el camino hacia su posición actual hoy son considerados una molestia, personas cuya importancia ha disminuido en el espejismo de poder que han construido a su alrededor.

Esta dinámica no es nueva. En el pasado, estas mismas personas que hoy desprecian a sus antiguos aliados eran las primeras en buscar su apoyo. En aquel entonces, los dirigentes populares, miembros de partido y la prensa eran figuras relevantes y necesarias para su causa. Sin embargo, ahora, en una triste ironía, son tratados con desdén y desinterés.

Es crucial recordar que la historia política es cíclica, y aquellos que hoy se muestran soberbios y distantes podrían encontrarse mañana en igualdad o incluso en peores condiciones que aquellos a quienes han ignorado o maltratado. La política, como la vida misma, es efímera y cambiante. Los puestos pueden ser pasajeros, pero las acciones y las relaciones perduran en la memoria de la comunidad.

Lo más alarmante es la confusión que algunos líderes intentan sembrar entre el pueblo, presentándose como figuras de falsa humildad y sólida transparencia. Mientras pronuncian discursos aparentemente sinceros, en el fondo, persisten las mismas frías y calculadas intenciones de siempre. El robo de recursos del estado, la falta de rendición de cuentas y la desatención de las necesidades reales de la comunidad son males que persisten bajo una fachada de falsa modestia.

La soberbia política no solo amenaza las relaciones personales y la cohesión dentro de un partido, sino que también pone en riesgo la confianza y la fe del pueblo en sus líderes. Aquellos que han sido investidos con el poder deberían recordar que su deber es servir a la comunidad, no servirse de ella. La verdadera grandeza política radica en la capacidad de liderar con humildad, empatía y una visión centrada en el bienestar de todos, no solo en el propio beneficio personal.

LIC. ALEXIS ROSARIO

«PERIODISMO RESPONSABLE»

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