
Por decisión propia que aún se desconocen, la joven Esmerlin Lara Polanco, de apenas 23 años y en estado de gestación, decidió quitarse la vida de un disparo en su residencia ubicada en la calle José Delio Guzmán del barrio Santa Rosa, en el municipio de Bonao. Según recoge el parte policial, el trágico hecho ocurrió en horas de la mañana y fue confirmado por la médico legista Yanna Suriel, quien determinó que la causa fue un disparo autoinfligido. Esmerlin, además, era madre de una niña de tan solo tres años.
Al lugar acudieron el fiscal Ramón Feliz Moreta, la coordinadora de la Unidad de Violencia de Género Marlenis Nova Cruz y agentes del DICRIM. Su cuerpo fue trasladado al Instituto Nacional de Ciencias Forenses (INACIF) para los fines de autopsia.
Pero más allá del reporte oficial, esta tragedia deja una estela de preguntas e interrogantes que no pueden ser ignoradas. ¿Qué dolor tan profundo puede llevar a una mujer joven, madre, embarazada, a tomar una decisión tan definitiva? ¿Qué ausencia de apoyo, qué silencios, qué cargas invisibles se acumulan hasta volverse insoportables?
La muerte de Esmerlin no es solo un caso más. Es un grito de alarma que evidencia las múltiples capas de abandono que enfrentan muchas mujeres jóvenes en nuestras comunidades: la soledad emocional, la precariedad económica, la carga de la maternidad temprana, el estigma, y la falta de acceso real a servicios de salud mental y acompañamiento psicosocial.
Una sociedad que aún normaliza el sufrimiento en silencio, que minimiza los signos de depresión o ansiedad, y que deja a las mujeres —especialmente las más vulnerables— sin redes de contención ni protección, está destinada a repetir estas historias.
Este trágico episodio nos obliga a mirar de frente la urgencia de establecer políticas efectivas de prevención del suicidio, programas comunitarios de salud mental, y sobre todo, construir una cultura del cuidado, la escucha y el acompañamiento. No podemos seguir reaccionando tarde, cuando ya el dolor ha vencido.
Esmerlin Lara Polanco no debía morir así. Su vida —y la de su hijo por nacer— merecían esperanza, apoyo y oportunidades. Que su partida no sea en vano, y que como sociedad, aprendamos que proteger la vida empieza por reconocer el sufrimiento ajeno antes de que sea demasiado tarde.
El trágico hecho ocurrió en la mañana del pasado sábado 2 de agosto 2025
LIC. ALEXIS ROSARIO, CDP, SNTP, SIP