
Los datos más recientes del Banco Central indican que la economía dominicana se frenó en octubre, mostrando un crecimiento prácticamente nulo. Aunque algunos intenten presentar el dato como una simple variación mensual, lo cierto es que cualquier desaceleración en nuestra economía tiene consecuencias directas: menos empleos, menos dinamismo comercial y más presión para las familias que ya sienten el peso del alto costo de la vida.
Este frenazo no ocurre en el vacío. Llega en un momento en que diversos sectores productivos han venido expresando dificultades para sostener su ritmo, y cuando el comercio detalla ventas más lentas de lo habitual. Si el consumo se enfría y la inversión privada se ralentiza, el resultado es exactamente lo que estamos viendo: una economía que pierde impulso.
El Banco Central ha reaccionado con ajustes en su política monetaria, pero la pregunta que debe hacerse el país es otra:
¿Qué están haciendo las autoridades para reactivar la economía real, la del día a día, la que viven los ciudadanos?
Porque más allá de cifras técnicas, la preocupación es simple: si octubre se frenó, ¿qué pasará en los próximos meses si no se toman medidas claras y oportunas?
República Dominicana necesita decisiones firmes. No discursos, no discursos triunfalistas: acciones que devuelvan confianza, apoyen a las pequeñas y medianas empresas, impulsen la producción y protejan el bolsillo del ciudadano común.
La economía envió una señal clara. Ignorarla sería un error.
Lic. Alexis Rosario CDP SNT SIPamr