LIC. Ramón A. Rosario (Alexis) CDP,SNTP, SIP

Transporte, alimentos, electricidad y servicios: el bolsillo podría pagar la factura.

El petróleo puede estar muy lejos de República Dominicana, pero cuando su precio sube, sus efectos terminan llegando hasta el último rincón de nuestra economía.

La tensión internacional en el estrecho de Ormuz ha vuelto a poner el mercado petrolero bajo presión. Y para un país como República Dominicana, que depende en gran medida de las importaciones de combustibles, cada aumento del barril representa una nueva amenaza para los consumidores y para las finanzas públicas.

Si el petróleo sigue subiendo, será difícil evitar que suba prácticamente todo.

¿Por qué? Porque el combustible mueve la economía. Mueve los camiones que transportan los alimentos, los vehículos que llevan trabajadores, las mercancías que llegan a los comercios y buena parte de las actividades productivas.

Cuando aumenta el combustible, aumenta el costo de transportar y producir. Y ese mayor costo, tarde o temprano, termina trasladándose al consumidor.

El problema no se limita a la gasolina y el gasoil. Una prolongada escalada del petróleo puede presionar los precios de los alimentos, el transporte público y privado, los servicios, la producción industrial y la generación eléctrica.

El Gobierno dominicano ha utilizado miles de millones de pesos en subsidios para evitar que todo el aumento internacional llegue inmediatamente al consumidor. Esa decisión puede ayudar a proteger temporalmente el bolsillo de las familias, pero también representa una enorme presión para las finanzas del Estado.

Y aquí está el gran dilema: proteger el bolsillo hoy sin poner en peligro las cuentas públicas mañana.

Porque los subsidios no hacen desaparecer el costo del petróleo. Simplemente hacen que, durante un tiempo, una parte de esa factura la pague el Estado.

Si la crisis internacional se prolonga, el Gobierno tendrá que tomar decisiones cada vez más difíciles.

Mientras tanto, los dominicanos debemos estar atentos. No se trata de crear alarma, sino de entender una realidad económica muy sencilla:

Petróleo más caro significa una economía más cara.

Y si el petróleo continúa escalando, el desafío será evitar que esa subida termine convirtiéndose en una nueva carga para las familias dominicanas.

La tormenta puede comenzar en Ormuz, pero el viento puede terminar golpeando nuestro bolsillo.