
En tiempos donde la información viaja con velocidad vertiginosa a través de medios tradicionales y plataformas digitales, la responsabilidad de comunicar con veracidad se convierte en un deber ético ineludible. Los acontecimientos recientes relacionados con el ingeniero Francisco Sang Vargas, presidente de la Cámara de Comercio y Producción de Monseñor Nouel, ponen nuevamente sobre la mesa el peligro de difundir acusaciones sin pruebas ni verificación previa.
Resulta preocupante que desde un espacio radial de alcance nacional se emitieran señalamientos tan delicados, vinculando al ingeniero Sang Vargas con un supuesto hecho violento que, según quedó evidenciado ante las autoridades judiciales, nunca ocurrió. La comparecencia del profesional ante la fiscal titular Santa Milagros Martínez, acompañado del ciudadano Inocencio Royer Vega quien fue presentado públicamente como presunta víctima desmontó de manera categórica la narrativa difundida.
Más allá de limpiar su nombre, este hecho deja una lección importante para el ejercicio de la comunicación social. No se puede jugar con la honra, la reputación y la tranquilidad de las personas por el simple afán de generar impacto o audiencia. La credibilidad de los medios depende precisamente de su compromiso con la investigación responsable y la confirmación de los hechos antes de hacerlos públicos.
La declaración de la fiscal titular, lamentando la difusión de informaciones falsas sin consultar fuentes oficiales, refleja una preocupación que comparte gran parte de la sociedad. La desinformación no solo afecta a quienes son señalados injustamente; también erosiona la confianza ciudadana en los medios y en las instituciones.
En una democracia sana, la prensa cumple un papel fundamental como vigilante social y canal de información. Sin embargo, esa libertad debe ir acompañada de prudencia, objetividad y respeto al debido proceso. Informar no es especular. Comunicar no es condenar.
Casos como este deben servir de reflexión para todos los actores de la comunicación. La verdad no puede ser sacrificada por la inmediatez ni por el sensacionalismo. Porque cuando se difunde una mentira, el daño moral muchas veces permanece, aun después de demostrarse la realidad.
La sociedad necesita medios comprometidos con la ética y ciudadanos capaces de exigir información responsable. Solo así podremos fortalecer una cultura donde la verdad tenga más peso que el rumor.
LIC. ALEXIS ROSARIO, CDP, SNTP, FIP, ACROPOL
PERIODISMO OBJETIVO Y VERAZ