
Desde los pasados meses de noviembre y diciembre de 2024 veníamos advirtiendo, casi a manera de predicción inevitable, la destitución del director de CORAMON, el ingeniero Roque Badía. Los constantes reclamos por el deficiente servicio de agua potable en varias comunidades del municipio de Bonao, sumados a los conflictos internos generados por denuncias de supuestos actos de corrupción formuladas por exempleados de la institución, colocaron su gestión en una situación cada vez más vulnerable.
Más allá de los cuestionamientos públicos, es justo reconocer que el ingeniero Badía realizó importantes esfuerzos para ofrecer un mejor servicio a la población, pese a las severas limitaciones operativas y a un sistema de tuberías obsoleto que por años ha afectado la eficiencia del suministro. Asimismo, hasta la fecha no se le ha probado en ningún tribunal de la República ningún acto de corrupción que ponga en duda su honorabilidad personal y profesional.
No obstante, siempre sostuvimos que, por conveniencia política y gubernamental, la destitución de Badía era una decisión prácticamente obligada y que solo era cuestión de tiempo para que se materializara. En política, la percepción pública suele imponerse sobre la verdad jurídica, y los escándalos —aun sin sentencias definitivas— terminan pasando factura.
Esta previsión se confirmó cuando el ingeniero Roque Badía fue destituido mediante el Decreto núm. 66-26 de fecha 31 ENERO de 2026. En su lugar, el Poder Ejecutivo designó al LICENCIADO CESAR CERDA, difundido en la noche del 01 de febrero 2026 de manera sorpresiva.
También advertimos que el gobierno encabezado por el presidente Luis Abinader no está en condiciones de resistir más escándalos, y mucho menos aquellos que comienzan a surgir en las provincias, donde el malestar social tiene un impacto directo en la percepción ciudadana y en la imagen del partido oficialista.
En ese mismo tenor, entendemos que esta destitución no debe verse como un hecho aislado. Existen otros funcionarios que llevan más de cuatro años al frente de instituciones públicas sin cumplir con las expectativas de la población, sin mostrar resultados tangibles y sin aportar valor a la imagen del Partido Revolucionario Moderno ni a la gestión del presidente Luis Abinader.
La renovación, la eficiencia y la sensibilidad social no pueden seguir siendo simples consignas de campaña. Deben traducirse en decisiones concretas, aunque resulten incómodas. De lo contrario, la crónica de destituciones anunciadas continuará repitiéndose, con el consiguiente desgaste político e institucional que ello conlleva.
LIC. ALEXIS ROSARIO, CDP, SNTP, SIP
PERIODISMO OBJETIVO Y VERAZ