Por: Juan Pablo de la Cruz

Periodista/Abogado

El crimen organizado desde los Carteles, mantienen diferentes frentes, con tentáculos en los poderes de un Estado Frágil, donde el narcotráfico es mas comprometedor con las legislaciones que castigan con penas dichas operaciones ilícitas; ya que representan una estructura corrosiva que destruye las estructuras desde lo social, económico y político de cualquier sociedad del mundo.

Esta fuerza corrosiva, tiende siempre a chocar con los Estados frágiles, como consecuencias, produce un espiral de violencia e ingobernabilidad, creando un peligro constante a todo un régimen de derechos con las amenazas al bienestar ciudadano y pone en peligro toda la democracia que impera en un país, que los sustenta una constitución política.

La fragilidad de un Estado, lo caracteriza la debilidad de sus instituciones, comprometida con la corrupción, el lavado de activo, la falta de control territorial efectivo y la incapacidad para proporcionar servicios públicos esenciales a todos sus ciudadanos, en las áreas de la seguridad, educación, justicia social, jurídica y política. Esta desigualdad, la comparo con un imán gigante ya que actúan con el crimen organizado, creando ramificaciones en los diferentes poderes que contempla esa constitución política que rige todas las normas jurídicas de dicho Estado y donde el Narcotráfico imponen sus propias normas para gobernar.

El poder de los carteles tiene sus ganancias ilícitas que superan los presupuestos de muchas instituciones públicas, que corrompen, creando lealtades, influencias e impunidad. Las ramificaciones del crimen organizado, desde matar a tanta gente con el comercio ilícito de sus mercancías, suplen las carencias del poder del Estado, ofreciendo empleo, seguridad y ayuda social, granjeándose la aquiescencia o el silencio de la población local, todo esto es muy peligroso, ya que crea una economía parasitaria, donde el crimen controla la subsistencia de la gente, imponiendo normas mediante la violencia extrema y la propia intimidación haciendo temblar al poder coercitivo, donde el Estado pierde el monopolio de la fuerza, que es transferido, de facto, a los grupos armados de los carteles del narcotráfico.

El narcotráfico tiene un tentáculo muy peligroso y es la metástasis de la corrupción institucionalizada, donde la fragilidad de dichas instituciones estatales permite la entrada, comprando decisiones de quienes tienen la obligación al tomar decisiones apegada a todo régimen de derecho que fundamentan el crecimiento independiente de los tres poderes del Estado.

Estos forajido de la ley, buscan dentro del mundo del crimen, neutralizar o coaptar a autoridades ligadas a la Justicia, policía y político, todo estos para tener ganancias de causas en la impunidad de sus miembros ligados al crimen organizados en todos sus operaciones, recuerden que todo un sistema judicial paralizado o a sueldo es el pilar de sus existencias, en la república dominicana, existen en la actualidad funcionarios judiciales que gozan de respecto por la ciudadanía por su proeza y honestidad.

El tentáculo del narcotráfico también influye en el financiamiento de campañas políticas partidista, desde lavado de activos hasta las amenazas directa, estos criminales, logran colocar a sus colaboradores en puestos de tomas de decisiones, desde alcaldías, cargos legislativos y ministeriales, con el objetivo de conseguir contratos públicos para el lavado de activo y garantizar el libre tránsito de sus operaciones.

Para romper con este ciclo poderoso, requiere mas que una simple respuesta militar, se necesita la creación de una reingeniería profunda y sostenible del Estado, que iría en el reforzamiento de la justicia y las demás instituciones que persiguen el crimen organizado, para dotar de recursos e implementar un sistema de depuración y contrainteligencia, para identificar y castigar a los funcionarios corruptos, garantizando su autonomía y seguridad.

El estado tiene que reafirmar su presencia mediante inversión social y económica en las zonas controladas por el crimen, ofreciendo oportunidades legitima, es una de la forma para desmantelar la base social de las economías ilícitas.

El Estado deberá de renovar y firmar tratados de cooperación internacional con los países del hemisferio, para la desmetilación de las redes financieras y de suministro, es una gran responsabilidad que deben de asumir el Estado en la persecución de este flagelo del crimen, que mantiene la inseguridad de Latinoamérica.

La lucha contra el narcotráfico internacional en un Estado frágil, no es una batalla por la seguridad pública, sino por la SUPERVIVENCIA DE LA NACION, sería una gran batalla por la devolución a la ciudadanía del régimen de un gran estado derecho, que deberá de persistir con valentía todo las ofertas para corromper y ser corrompido y disfrutar el derecho fundamental de la vida, bajo el imperio de la ley y no bajo el yugo del plomo y el dinero sucio, la  fragilidad no es una excusa, sino un llamado urgente a la acción política, moral e institucional.