POR: LUIS MARTINEZ

Existen escenarios sociales cuya dimensión moral trasciende cualquier interés coyuntural de carácter político.

La celebración dedicada a las madres de la provincia Monseñor Nouel pertenece precisamente a ese reducido y sagrado espacio donde la gratitud colectiva, la sensibilidad humana y el reconocimiento a la maternidad deben prevalecer por encima de toda estrategia partidaria.

Las madres representan el origen espiritual de la familia, la reserva ética de la sociedad y la expresión más pura del sacrificio silencioso. Por ello, convertir —o siquiera pretender convertir— una actividad concebida para honrarlas en una plataforma de posicionamiento político, resultaría profundamente desacertado y filosóficamente incompatible con la esencia del homenaje.

Nadie discute las cualidades políticas, humanas y de liderazgo de Carolina Mejía, una figura que legítimamente construye espacios dentro del escenario nacional y que se proyecta como una de las principales referencias del liderazgo contemporáneo dentro del PRM y de la República Dominicana.
Precisamente por la dimensión de su figura pública, cualquier presencia vinculada a una actividad financiada con recursos del Estado debe manejarse con prudencia institucional, altura democrática y absoluto respeto a la sensibilidad ciudadana.

La ética política enseña que no todo lo conveniente electoralmente resulta moralmente correcto.
Y es ahí donde debe prevalecer la sensatez.

Importa además dejar claramente establecido que los artículos que serán rifados y entregados a las madres asistentes no han sido adquiridos con recursos personales de las autoridades presentes. Dichos artículos han sido comprados con fondos públicos, es decir, con el dinero del pueblo dominicano, razón por la cual ese gesto debe preservarse dentro del marco de la transparencia, la institucionalidad y el respeto colectivo.

Las madres de Monseñor Nouel merecen una celebración auténtica, transparente y libre de cualquier sombra de utilización partidaria. Merecen sentirse homenajeadas por lo que representan en la estructura moral de nuestra sociedad, no utilizadas como telón emocional de aspiraciones políticas presentes o futuras.

La grandeza del liderazgo también se manifiesta en la capacidad de comprender cuándo un espacio pertenece exclusivamente al pueblo y a sus sentimientos más nobles.

Que este homenaje conserve su pureza, su dignidad y su verdadero propósito.