Recuerdo con especial afecto aquellos años de mi juventud, cuando trabajaba como mensajero en el Banco de Reservas. En  muchas ocasiones, al llevar correspondencias a don Flaminio Russo, él no solo me recibía con cortesía, sino que me invitaba a quedarme un ratito para conversar. Pero por lo general volvía de tarde. Tenía una memoria prodigiosa y una visión crítica muy clara de los procesos históricos. Disfrutaba hablar de la época del régimen de Rafael Leónidas Trujillo, un tema que conocía con notable detalle, no solo por su interés personal, sino por haber vivido ese período de primera mano. Conversábamos sobre los personajes de la familia Trujillo, las decisiones políticas, y sobre todo, las obras de infraestructura y urbanismo que marcaron una época en Bonao y el país.

Con el paso del tiempo, cuando inicié con ilusión la publicación del periódico El Resplandor, decidí entregarle personalmente un ejemplar en cada edición. Era como devolverle, en forma de papel impreso, un poco de aquel tiempo que siempre me regalaba con sus enseñanzas. Me sentaba en un taburete de su establecimiento, generalmente cerca del mostrador, y bastaba con mencionar una calle o una anécdota histórica para que él empezara a relatar, con una mezcla de nostalgia y lucidez, los detalles de antaño.

Fue en uno de esos encuentros donde le propuse formalizar esos relatos a través de una columna en el periódico. Aceptó con entusiasmo y nació así “El origen de los nombres de las calles de Bonao, POR FLAMINIO RUSSO”, una columna que iniciamos con la historia de la calle de doble vía que pasa justo frente a Plaza Merengue. Hoy se llama Isabel La Católica, pero en tiempos de Trujillo se conocía como *La Angelita, en honor a su hija. Aquella revelación, que para muchos era desconocida, causó gran impacto entre nuestros lectores, y confirmó lo importante que es preservar la memoria histórica a través de quienes fueron testigos de primera línea.¨

*La hija más conocida de Rafael Leónidas Trujillo, dictador de la República Dominicana, se llamaba Angelita Trujillo, cuyo nombre completo era María de los Ángeles del Sagrado Corazón de Jesús Trujillo Martínez.¨

Aún hoy, cada vez que visito Plaza Merengue, lo imagino en aquella esquina extrema del local donde está la pizzería, sentado como siempre, observando con serenidad y dispuesto a conversar con quien se acercara. Esa imagen está grabada en mi mente y mi corazón. Sus consejos no fueron simples palabras: fueron lecciones de vida que me ayudaron a madurar, conocer la historia de nuestro pueblo,  a desarrollar criterio, y a escalar posiciones rápidamente dentro del Banco de Reservas, donde llegué a desempeñarme con responsabilidad por más de una década.

Flaminio Russo fue más que un empresario. Fue un mentor silencioso, un hombre sabio, un ciudadano ejemplar que supo combinar el trabajo con el pensamiento, la acción con la reflexión, el servicio con la humildad. Un gran hombre. Un gran ser humano. Su legado, al igual que sus enseñanzas, sigue vivo en mí y en muchos que tuvimos el privilegio de conocerlo.

Sus raíces y sus aportes.  

Gregorio Flaminio Russo Pérez fue un ciudadano de raíces italianas, miembro de una familia que se estableció en Bonao desde mediados del siglo XX. Provenientes de una tradición comercial sólida, los Russo fundaron negocios como la recordada Farmacia Russo, que por años sirvió con distinción a la comunidad desde la calle Duarte.

Flaminio no solo continuó ese legado familiar, sino que además dejó su propia huella en el desarrollo económico y social de la ciudad. Fue pionero en la crianza de pollo tipo “gringo”, impulsando el crecimiento del sector agropecuario local. Pero su mayor aporte vino en 1980, cuando fundó el restaurante Plaza Merengue, hoy un ícono de la gastronomía en Bonao.

Desde este espacio, no solo brindó comida de calidad y tradición, sino que también generó empleos para muchos jóvenes, convirtiéndose en un verdadero motor de desarrollo comunitario. Su visión empresarial, combinada con su humildad, honestidad y amor por la historia local, lo convirtieron en un referente respetado por todos.

Su legado aun vive

Hoy, su legado permanece vivo en manos de su hijo Andy Russo, quien heredó de su padre no solo la inteligencia, responsabilidad y disciplina, sino también la capacidad de trabajo y el compromiso genuino con su pueblo. Bajo su dirección, Plaza Merengue ha evolucionado sin perder su esencia, consolidándose como un verdadero referente de la gastronomía local, nacional e incluso internacional, atrayendo a comensales que buscan calidad, tradición y un servicio con identidad bonaense

LIC. ALEXIS ROSARIO, CDP, SNTP, FIP